Opinión Nacional

Unidad y disciplina son indispensables

En la antigua república romana, que para muchos clásicos de la ciencia política es una especie de paradigma ideal de régimen político, el poder ejecutivo se ejercía a través de dos funcionarios electos llamados “cónsules. Sin embargo, en momentos de emergencia extrema, el Senado elegía, por seis meses renovables, a un “dictador”. Durante esas “dictaduras”, cesaban las diatribas políticas menudas y se exigía una férrea disciplina en la obediencia a las decisiones del “dictador”. La legendaria sabiduría política romana entendía la absoluta necesidad de la unidad de mando en períodos de grave crisis.

En la actual gravísima crisis venezolana, una de las mayores fortalezas del gobierno es la unidad de mando y la disciplinada obediencia a las órdenes de Chavez. Idealmente, la oposición debería tener un solo líder. Sin embargo, lo único que, por ahora, puede darnos un mínimo indispensable de unidad es el comando de la Coordinadora Democrática, integrado por 17 dirigentes, que representan a todos los grupos que integran la oposición venezolana, salvo una mínima franja de desesperados e/o irracionales. Estemos personalmente de acuerdo o no con las decisiones puntuales de ese comando, es absolutamente indispensable mantener la unidad y obedecer con disciplina sus directivas. Hacer otra cosa sería más que un error una estupidez criminal.

Se debe defender con inteligencia y pasión las opiniones de cada uno y tratar de influir en la toma de decisiones del comando. No obstante, una vez que el comando haya tomado la decisión, es fundamental acatarla y ejecutarla con disciplina. Así funcionaba el mal llamado “centralismo democrático” leninista, que en períodos normales no es aceptablemente democrático, pero es indispensable en la emergencia. Nunca como ahora es evidente la necesidad del fortalecimiento de los partidos.

En los últimos meses de 1957, AD, URD, COPEI y el PC acordaron una acción conjunta que facilitó la caída de la dictadura de Perez Jiménez. Después de los errores que la oposición cometió en los dos últimos años, fruto en buena parte de la inexperiencia e ingenuidad políticas de buena parte de la dirigencia, se percibe un sano resurgimiento de los partidos, que debe ser reforzado. En la oposición hay demasiada atomización. Sólo la unidad y la disciplina pueden evitar el suicidio colectivo. El que después de una decisión del comando, actúa por su cuenta, en estas gravísimas circunstancias, es un ingenuo, un imbécil o un irresponsable.

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