Opinión Nacional

Uribe y nuestra guerra

Los políticos venezolanos, incluyendo los dos candidatos presidenciales, tienen al pueblo bien clasificado,  en materia electoral. Sus  votantes, según creen ellos y sus asesores,  son  de los tradicionales, que  aman verlos  besando viejitas y cargando niñitos,  se los figuran como unas personas elementales que agradecerán   para siempre que le hayan “dado” una jubilación o  dólares de Cadivi, o una casa, una escuela  o los beneficios de una “misión”, porque nunca han tenido conciencia de que por ser seres humanos y vivir en este territorio, tienen derecho  al trabajo, al descanso, a una vivienda, a recibir clases, a disponer de su patrimonio obtenido legalmente. Por lo tanto, los presidentes no dan nada, porque el dinero con que   compran las cosas que ofrecen, no es de ellos sino de uno. No hay nada que agradecer, ni que pagar.

Otra de los temas en los  dirigentes    está seguros de nosotros, es de  que somos tremendamente  simples en nuestros  sentimientos hacia nuestros vecinos de Colombia. No nos gustan en política,  los adoramos sólo  en familia. Recuerdo que una frase: “El golfo es nuestro”, se repitió por generaciones en Venezuela, cuando los periódicos colombianos ni trataban el tema. En fin, el anticolombianismo ha marcado muchos episodios por lo menos evitables de nuestra historia, porque no son para sentirse orgullosos.  Debe  ser que   venimos del mismo tronco y nadie conoce como herirse mejor que los hermanos.

Últimamente había  recibido algunas sorpresas en el destino de la relación entre los dos países, como la vena práctica del presidente Santos, que lo hizo echar abajo los problemas binacionales, para lograr que volviera a normalizarse el clima económico  dela frontera. Realmente le costó, ser el “nuevo mejor amigo” de Chávez,  después de haber sido un  eficaz y sangriento ministro de la Defensa contra los guerrilleros amigos del Presidente,   pero   en fin, “París bien vale una misa” y “no hay almuerzos gratis”.  Coste que le  admiré y le admiro su enorme  talento diplomático   tanto como la fortaleza de su estómago,  cuando le tocó ir a  Cuba a neutralizar a los Castro, para que  no le sabotearan la Cumbre de las Américas. Se la  terminaron  enchavando de todos modos  los guardaespaldas de Obama, con su episodio  putañero de Cartagena.

Mi capacidad de asombro  no había sido colmada. Me faltaba el episodio de Uribe, poniéndose a hacer campaña contra Chávez en la frontera.

Pero si ustedes creen que voy a  decir que lo hizo muy mal, se equivocan. Contra la realpolitik de Santos, la quijotada de Uribe, de hacer campaña  contra Chávez utilizando los medios sociales para  desnudar a un gobierno que  atenta contra la estabilidad política colombiana, porque favorece a los movimientos  guerrilleros  sin tomar en cuenta los daños colaterales, como los secuestros, la vacuna, los asesinatos de policías, la muerte de civiles inocentes, la recluta de niños y niñas  merece todo mi respeto. Y si no les gusta su vocabulario, me extraña araña. Quiere decir que entonces, el único que puede adjetivar  y ofender es Chávez: borracho, asesino, mentiroso, ladrón, diablo, arrastrado, lacayo,  han sido palabras constantes en el vocabulario del poder en  Venezuela, el suficiente tiempo como para que nadie se escandalice en realidad  por los adjetivos de Uribe.

Ahora, que  sus frases no son políticamente correctas ni para Chávez, ni para Santos, ni para Capriles Radonsky, bueno, eso es cierto.  Pero desnudan  una realidad que ya elevó  Uribe a organismos internacionales: la injerencia del gobierno de Venezuela en el conflicto interno colombiano. ¿O no recuerdan los famosos archivos de la computadora de Raúl Reyes y los  temores de Chávez de que lo juzgue el Tribunal Penal Internacional?

¿Que a Santos le gusta lavar la ropa en casa?, ¿que a Chávez no le viene bien en su  convalecencia, que  le hagan  una campaña internacional de descrédito?  ¿Que a Capriles Radonsky le da rabia que  su campaña angelical, le  opongan  una de realidades  brutales, como los hacen los twitters   de Uribe? Ayyyyyyy, cuanto lo siento¡¡

No se desaparecen  los problemas porque escondamos la cabeza como los avestruces. Y una muestra es el episodio de los 11 soldados colombianos que acaba de matar la guerrilla. Si, parecía que Uribe estaba fuera de sí, que Santos con su  cumbre y sus acercamientos podría lograr emparejar hacia el éxito a la política interna con la desbordante economía  colombiana .  Pero la verdad es que en cuanto a la insurgencia, a sus nexos con la inseguridad y los diferentes tráficos de personas, de sustancias y de armas, apenas las políticas públicas de  Venezuela han hecho poco más que admitir que existe el problema  .  Y es más,  se ha tratado  a los jefes de  los frentes guerrilleros  como amigos, sin importar en cuanto perjudican nuestra economía y nuestra   vida diaria . 

Cuando vuelven los muertos colombianos y  sus familias a recordar que el problema sigue vivito,  justificamos las antipáticas palabras de Uribe, que se juramentó como presidente entre  explosiones de bombas y que ha estado prediciendo hacia dónde va Venezuela si reelige a Chávez. El ex presidente colombiano   puede darse el lujo de ser ácido y antipático porque no está haciendo campañas complacientes. Podría estar  retirado y sentado  tranquilo en alguna hacienda de su país o en alguna  ciudad europea o gringa, pero ha preferido decir lo que tiene que decir,  ser insultado y amenazado de nuevo. Su guerra es la nuestra, aunque no queramos saberlo.

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