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¡Páguennos!

En mi acostumbrado deambular peripatético por las calles de la gran ciudad, ataviado con la naricera de rigor en estos tiempos de pandemia, atisbo un conato de reyerta.

Dos señoras de mediana edad se vociferan la una a la otra. Al parecer, un intento de colearse en una larga fila origina la protesta de una de ellas. La cola tiene lugar a las puertas de un negocio chino. Sí, otro más de estos negocios de asiáticos acaparando alimentos.

Lo que me sorprende de la tángana es el intercambio de improperios entre las dos damas a través de las mascarillas.

“¡Abusadora y chavista, eso es lo que tú eres!”, grita la una.

“¡Más chavista será tu abuela!”, responde la otra.

Sí, caros míos, la connotación de feligrés del galáctico ha entrado en nuestro léxico como sinónimo de insulto. Era de prever.

Algunos de los presentes interponen sus buenos oficios y logran calmar a las contrincantes. Aparte de que, en ese instante, se hacen presentes unos motorizados con aires de malas pulgas. Son seguramente miembros de los colectivos del crimen. Seamos prudentes, es la consigna.

Prosigo mi camino y arribo a las inmediaciones de cierto organismo burocrático. En previsión de contagio del virus chino, atienden al público a través de una reja que da a la calle. Hay un cierto número de personas aglomeradas que también muestran signos de desagrado y, en algunos, hasta de indignación.

“La gente está arr… porque dejan entrar a los chinos como Pedro por su casa, mientras a nosotros que somos venezolanos nos tienen aquí en la puerta y nos ponen a esperar, sin decirnos cuándo nos atenderán”, me informa, irritado mi amigo L., el gestor.

Otra muestra más de la cólera creciente que genera esta inmigración parasitaria aliada en sus criticables prácticas comerciales con enchufados y jerarcas del rrrégimen.

Ustedes dirán que estas quejas colindan con la xenofobia. Pero, insistimos, a diferencia de las oleadas de españoles, italianos y portugueses que arribaron a esta Tierra de Gracia a mediados del siglo XX, esta camada de chinos que nos deparó el chavismo no está aquí para crear riqueza, sino para especular y acaparar.

Desde su llegada, a principios de la actual centuria, estos asiáticos se vieron envueltos en escándalos de corrupción con la incipiente dictadura. Hagan memoria de los escándalos que reseñó la prensa de aquel entonces con el tráfico de estos inmigrantes involucrando a figuras del oficialismo. ¿Cuánto valía un chino en esa época puesto en Maiquetía, usualmente traído vía Air France? ¿Cuánto cobraban los jerarcas del chavismo que estaban en la movida por cedular y nacionalizar a cada asiático? Corríjanme si estoy equivocado.

Estos indeseables tratantes extranjeros no invierten sus caudales aquí. Todo lo repatrian al milenario reino del medio. No se mezclan con los criollos. Ni siquiera se preocupan por aprender bien el castellano, salvo lo estrictamente necesario para sus operaciones especulativas.

Tratan despótica y altaneramente a los empleados venezolanos, tildándolos a cada momento de flojos. Y estos tienen que calarse este desprecio que sí colinda con el racismo porque la necesidad tiene cara de perro.

Y ahora hagamos una pequeña reseña histórica para cambiar el tercio.

Cuando Deng Xiao Ping decidió echar por la borda el colectivismo, China entró en un crecimiento vertiginoso. En cuarenta años se convirtieron en la factoría del planeta, latiéndoles en la cueva a los gringos por el rango de primera potencia económica mundial.

Pero la apertura no se extendió a lo político. La masacre de cientos, quizá miles, de chinitos en la plaza Tiananmén abortó ese deseo que es inherente a la especie humana: el ansia de libertad. El sueño por la democracia.

No obstante, el sistema parecía no ser tan totalitario como en tiempos del genocida pedófilo Mao Zedong. Las máximas autoridades cumplían su período y pasaban a retiro. Lucía este proceso como una copia (con sus bemoles, por supuesto) de la dictadura perfecta del PRI en México. El partido comunista retenía el poder pero los mandamases se rotaban en el cogollo supremo, con dedazo y todo.

Daba la impresión de que China tendía progresivamente a liberalizarse (con sus bemoles, insistimos).

Hasta que llegó Yi Yin Ping, alias Winipú.

El caralampio Winipú endureció la cosa. Para enriquecerte, tenías que arrodillarte ante la dictadura, como los oligarcas en Rusia y los bolichicos de por aquí. En cada esquina hay una cámara espiándote. Las redes sociales se utilizan para entrometerse en tu vida sin limitaciones. El culto a la personalidad de Winipú se puso a la orden del día. La política hacia los vecinos (Filipinas, Vietnam, Corea) se endureció. Arreciaron las piraterías contra la propiedad industrial y el espionaje industrial.

Las multimillonarias reservas de cientos de millardos de dólares lo convirtieron en el mandarín del siglo 21. El Winipú se creyó imbatible. Hasta que irrumpió el virus.

La dictadura china pretendió ocultar y negar la gravedad del asunto. Por culpa del régimen de Winipú es que estamos padeciendo esta pandemia. Ya eso es innegable. Y ahora se las quieren dar de salvadores de la humanidad, cuando en realidad toda esta tragedia es culpa de Winipú y su combo.

Por eso es que nosotros desde esta martirizada ex Tierra de Gracia proponemos que la dictadura comunista china tiene que resarcir a todo el planeta por esta desgracia. Tienen que pagarnos por su irresponsabilidad criminal al permitir que este virus se propagara sin control. Desde noviembre de 2019 estaban batallando con este mal y no lo notificaban a la OMS.

Tienes que indemnizarnos, Winipú Yi Yin Ping.

Si te niegas, pues entonces vamos a boicotear todo lo que provenga de la China subyugada durante setenta años por esos truchimanes comunistas corruptos.

Al mismo tiempo, apoyemos a quienes luchan por la libertad y la democracia en China. Solidaricémonos con ellos. Compartimos el mismo reto.

Apoyemos al Tíbet que busca su liberación desde 1950.

Apoyemos a la gente de Hong Kong que no se deja aplastar por los corruptos comunistas chinos.

Apoyemos a Taiwán, donde sí se practica la democracia pluralista, en su resistencia contra la pretensión comunista de arrebatarle su independencia.

Y aquí en Venezuela, vamos a boicotear a las sanguijuelas chinas importadas por el chavismo que se lucran con nuestra hambre y nuestra necesidad. No les gastemos pero ni una locha partida por la mitad.

Mientras los venezolanos fallecemos de mengua, los enchufados, bolichicos y jerarcas del rrrégimen, los chinos del chavismo, los rusos de Putin, los cubanos castristas, los elenos, farrucos y paracos están gordos y cachetones como cochinos rumbo al matadero.

[email protected]

@QAlbuerne

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Un comentario

  1. La verdad es que años atrás colocar un chino en Venezuela con pasaporte venezolano, cédula de identidad venezolana, inscrito en el CNE, con certificado de residencia de vieja data y hasta con domicilio propio, costaba de origen y con los gastos pagos unos 100.000 dólares, y los pagaban con gusto ; aun así, teníamos que calarnos su inexpresiva sonrisa estúpida porque nuestros gobernantes, no iban a dejar escapar tamaña bicoca, de canjear unos papeles sellados por un ciudadano legal para todos los efectos. Eso, y los cubanos y demás extranjeros por muy cercanos que sean, van a tener que aceptar se les revise hasta las tripas y certificado de pedigree, para venir a continuar el saqueo de todo lo nuestro. Mientras tanto, algunos administraríamos con sumo placer sus residencias de bienvenida : gigantescos campos de concentración, donde los persuadiríamos con suma cortesía que, se regresen por donde vinieron. Y es que ya basta de que este país sea el lupanar de medio mundo y hasta de los falsos hermanos latinoamericanos, cualquier otra cosa sobra.YA ES LA HORA DEL CAMBIO Y EL FIN DEL PAN DE PIQUITO.

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