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Reinvención industrial

Planteamos en nuestro último artículo que los países emergentes (en vías de desarrollo), exportadores de materias primas y recursos naturales, enfrentan mayores retos para acceder a la III y la IV Revolución Industrial y al desarrollo sustentable si mantienen una sumisión atávica a una mentalidad rentística (La brecha se ensancha, El Universal, 07.10.16).

Cuando países más avanzados están introduciendo tecnologías para la impresión de objetos en tres dimensiones y produciendo vehículos autónomos (remplazando a los de combustión interna, dependientes del petróleo); cuando la producción digital de manufacturas, la inteligencia artificial y la robótica están revolucionando los procesos productivos y la sociedad del conocimiento está demostrando que se puede lograr el desarrollo sin recursos naturales, es esencial replantearse el modelo extractivista en los países mono-productores, como Venezuela.

Venezuela alcanzó un respetable desarrollo industrial durante el período democrático iniciado en 1936, insertándose con relativo éxito (tardíamente) en la II Revolución Industrial, caracterizada por la producción de bienes en masa en plantas manufactureras, gracias al surgimiento de la luz eléctrica.

A partir del 23 de enero de 1958, se afianzó la estrategia de sustitución de importaciones como modelo de desarrollo. No nos contamos entre los críticos a posteriori de esta estrategia. Hubo fortalezas y debilidades; pero la industrialización de Venezuela durante el periodo democrático fue un éxito dentro de su contexto histórico.

Si la industria manufacturera representaba sólo el 0,04% del PIB en 1938, para 1950 había subido al 4%. Se acentuó su curva ascendente después de 1958, elevándose a 10% en 1970, 15% en 1980 y 18% en 1988, cuando comenzó a perder peso en la formación del producto nacional, descendiendo al 14% del PIB en 2002.

Nuestra industria se rezagó en lo tecnológico, tuvo poca capacidad de exportación por la sobrevaluación del bolívar y no pudo adaptarse a los retos de la globalización.

El boom de precios del petróleo 2003-2014 no ayudó, afirmándose la pérdida de competitividad industrial. Con una industria manufacturera débil y distante de la III y la IV Revolución Industrial, hay que reinventar la industrialización.

@lxgrisanti

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