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Reinventar la Revolución

Adolf Hitler dijo que las guerras del futuro serían luchadas antes de comenzar las operaciones militares, «a través de la confusión mental, la contradicción de los sentimientos, la indecisión y el pánico», provocado entre las filas de sus enemigos.

Estamos hablando de “guerras sicológicas” o guerras sin fusiles, que incluyen manipulación de la información, propaganda, campañas de desprestigio del adversario, guerra económica, sabotaje, violencia paramilitar, presiones políticas y culturales.

El Departamento de Defensa de Estados Unidos define las guerras psicológicas como “el uso planificado de la propaganda y de otras acciones psicológicas con el propósito de influir en las opiniones, emociones, actitudes y conductas” de sus adversarios y crear una sensación de miedo colectivo por la percepción de caos y desprotección.

Las cadenas internacionales de noticias y las redes sociales son los nuevos ejércitos de esta guerra. Es decir, ya no son seres humanos quienes van a combatir cuerpo a cuerpo. No se utilizan aviones ni tanques ni ametralladoras.

Hablamos de una guerra no-convencional, de desgaste y asedio, de hostigamiento y desestabilización, con un uso limitado de la violencia y con predominio de la guerra económica, mediática y psicológica, así como de acciones políticas y diplomáticas.

El campo de batalla de la guerra sicológica es la mente, es decir, los pensamientos, las actitudes, las relaciones sociales, los imaginarios, las emociones.

Su finalidad es destructiva. Se trata de generar sentimientos de odio, temor, desconfianza, depresión, desaliento y desesperanza.

Incluye también acciones violentas o terroristas, amenazas guerreristas, para intimidar y atemorizar a la población.

En esta dinámica no hace falta líderes, ni propuestas, ni ideas ni promesas, pues de trata fundamentalmente de afectar la subjetividad.

En el campo de la información, se utilizan las noticias falsas, los falsos positivos y la manipulación noticiosa, los mensajes alarmistas y fatalistas. También la llamada pos verdad, cuando algo que aparenta ser verdad es más importante que la propia verdad. La pos verdad o “mentira emotiva” define una época en la que los hechos objetivos influyen menos en la opinión pública que las emociones y las creencias personales.

Frente a estas amenazas y agresiones, la Revolución Bolivariana tiene el reto de construir una nueva mayoría y no sólo convocar a los más pobres, definir un modelo económico alternativo frente al fin del ciclo neoliberal, repensar la experiencia progresista reciente en América Latina, crear los nuevos relatos y las nuevas respuestas, con gestión, gramáticas y símbolos diferentes, para sintonizar con las emergentes demandas y expectativas de los ciudadanos.

Hoy existe en el mundo un inmenso desorden, un amplio caos de significados, un clima de profundas frustraciones y tensiones, que cuestionan por igual al capitalismo y al socialismo como modelos.

Hay que construir un vigoroso pensamiento crítico y creativo. No es suficiente resistir y sobrevivir, ni contar con una épica revolucionaria. Debemos producir el nuevo sendero de la emancipación y la justicia social. Es hora de reinventar a la Revolución Bolivariana.

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