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Relación empresario-trabajador en la pandemia

“Más fácil es pasar un camello por  el ojo de una aguja, que un rico en el reino de Dios” (Marcos 10:23, Mateo 19:23, Lucas 18:24)

La metáfora bíblica expone a la vista de todo el mundo la falta de solidaridad de muchos comerciantes, en especial los operadores financieros y  arrendadores, así como comercializadores de bienes y servicios, indispensables para funcionamiento y desarrollo de la sociedad, que se tornan en ogros y despiadados hambreadores cuando sucumben ante los halagos de la avaricia. Arremeten contra el cliente, usuario o consumidor, factor principal en la acumulación de su riqueza, constriñéndolos a la cancelación mensual de onerosos alquileres e intereses, a pagar al agiotista precios de asalto por los productos de la dieta diaria, por un día de hospitalización en la clínica, por útiles escolares y de cuanto vende al contado o a crédito, que elevan el endeudamiento a niveles de lo impagable, hasta que el bien adquirido o hipotecado pasa  a manos del especulador trastocado en “respetable” empresario.

Por supuesto que la totalidad del empresariado, grande o pequeño, no aplica tan despiadada fórmula para ser exitoso. Pero los que actúan de esa manera, son los que fortalecen a quienes aprovechan tan  deshumanizado accionar contra los más vulnerables  y les ofrecen una tabla de salvación; los engatusan, soliviantan, convocan  a marchas pacíficas  para reclamar sus derechos y protestar por las injusticias que trastocan en violentas y devastadoras, dirigidas por células especializadas en la promoción del vandalismo materializado en saqueos, incendios, daños a la propiedad pública y privada, con saldo de heridos y muertos que, al parecer, sólo cuentan los aportados por los vándalos, porque las bajas de los agentes del orden público no cuenta, pues a lo mejor son evaluados como perros rebiosos. Porque el propósito del demagogo de cualquier pelaje, castrocomunista, socialista del siglo XXI, nazi o fascista a nivel mundial, está lejos del reclamo reivindicativo de los más vulnerable de la sociedad; la finalidad del demagogo es crear el caos y acorralar a la sociedad para tumbar el gobierno y, a renglón seguido, asaltar el poder.

Es por eso que, cuando nos enteramos de los groseras ganancias,  más que multimillonarias astronómicas, obtenidas por importantes sectores de las finanzas, la producción y el comercio, no podemos menos que indignarnos ante la ausencia de solidaridad que hunde en profunda miseria a los trabajadores y a la clase media, lanzando al paro a millones de obreros y empleados, sin que medie justificación ni paliativos siquiera para que no mueran de hambre.

Eso y más ocurre en medio de la Pandemia China que diezma la población. “La tapa del frasco”. La Industria Farmacéutica se niega a la liberar de la patente de las vacunas contra el Covid-19, decisión empresarial que  socialcomunistas de todo pelaje y latitud deben estar celebrando hasta la borrachera.

¿Qué harán al respecto los países integrantes de la ONU? ¿Tomarán medidas para meter en cintura a especuladores, agiotistas y empresarios que toman el camino trillado por criminales en serie, negándole a la humanidad la posibilidad de controlar el coronavid19 y evitar una réplica de la mortandad de 1918-1919?

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