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Trump, el día después

No tengo bola de cristal aunque nunca caí en el chantaje emocional y político de que Trump nos está ayudando para acabar con la tragedia chavista en Venezuela. Y que por ello había que apoyarle con los ojos cerrados. Es más, salvo unos gritos contra Maduro no hay nada tangible: Maduro sigue atornillado al poder y las sanciones nos afectan más a los ciudadanos de a pie que a los poderosos bolivarianos atrincherados en Fuerte Tiuna y con sus arcas bien llenas.

Y razoné, en una predicción que aún no sé si se irá a cumplir, aunque es muy probable que así sea: Trump pierde la reelección. Por twitterlandia “mis amigos” y seguidores, muchos aunque no todos, me tildaron de rojo, socialista, comunista, chavista, doble cara, intelectual de pacotilla y otras especies. Mi insistencia en mis razones les molestaba aún más. Seguí en mis treces para realizar un experimento de la conducta humana y evaluar los niveles de la tolerancia que hay en las redes sociales, y la conclusión es una y muy clara: la ideología, como falsa conciencia, concepto éste de Marx, nos impide dialogar desde posiciones plurales y contrarias entre sí. El dogma militante y agresivo es lo que manda, y también, muchas dosis de estupidez. Umberto Eco llamó esto la  “invasión de los necios”. Eso de que por las redes sociales se expande la sociabilidad, cultura y la información es un mito urbano. Las redes sociales se han convertido en una jungla muy peligrosa para la salud pública.

Dónde más dolió a los trumpistas venezolanos es cuando señalé que los modales y prácticas de Trump eran de un populismo de país rico aunque con las mismas características irresponsables de un Chávez o Maduro, abanderados de un populismo pobre y autoritario. Trump y su camorra permanente e impresentable lo hacía parecer a un Chávez anglosajón y blanco: ególatra, inculto, demagogo, mentiroso del tamaño de los confines de la Tierra; amor por los flashes y un excesivo protagonismo; desprecio por las leyes y normas; sendas prácticas intolerantes contra la diversidad y el comportamiento irresponsable a un nivel: la Jefatura del Estado, en que sus decisiones inciden en el bienestar o desgracia de sus dirigidos.  Y que lo que más los unía a estos gemelos: Chávez-Trump era su inmenso ego desbordado de frenética y delirante soberbia en el ejercicio de un poder sin contrapesos.

Los integrantes de éste ejército digital, todos opositores declarados al régimen madurista, asumían idénticas tácticas de desprecio y rechazo, de la misma manera que su mentor, a toda forma de pensamiento que no esté alineado al de ellos. Al parecer el rencor y su sucedáneo: el odio, nos define y es la emoción humana más poderosa. Porque estos trumpistas venezolanos se terminaban comportando de la misma o peor forma de lo que supuestamente combaten. La ideología pro-Trump les segó y en el otro bando sólo había rojos e izquierdistas y no gente. Biden, no sólo es el “dormilón” nulo y achacoso sino también el rojo come niños y asumían que un hipotético triunfo de éste llevaría a los Estados Unidos a convertirse en la atrofiada Venezuela de hoy.

En realidad les comprendo aunque no es aceptable éste tipo de comportamiento tan visceral, mal educado y primitivo. Les entiendo en la parte de que han visto en Trump a un nuevo salvador, al Mesías siempre vivo que hemos asumido como el Director de Orquesta en la Historia de Venezuela. A los venezolanos nos ha hecho mucho daño una psicología del redentor; la del hombre fuerte: el Gendarme Necesario; el Caudillo con dotes y poderes especiales en alianza con las Potencias Oscuras a lo Doña Bárbara. El líder carismático y providencial; la muleta militar que te castiga/protege bajo el diseño de un culto a Simón Bolívar que nos ha lanzado a una infancia permanente como ciudadanía menor. Luego de la independencia (1830), los “Padres Fundadores”, nuestros caudillos, en vez de fundar, construir y progresar se dedicaron al pillaje. Y ésta huella del desorden y dilapidación del tiempo prefiriendo la guerra a la paz nos impide confiar en nuestras propias capacidades colectivas como Pueblo. Al fallar los mecanismos tradicionales para socavar la actual guerra chavista que los bolivarianos impone contra su propio Pueblo nos hemos santiguado ante Trump y su verborrea de la amenaza sin sustancia. Y los más agresivos y fanáticos trumpistas son los venezolanos en el exilio que muy comprensiblemente extrañan al país y la impotencia les corroe.

En realidad, ni Trump ni Biden nos van a salvar a los venezolanos. Un poquito de orgullo debemos empezar a sacar del subsuelo de la desesperanza para asumir que sólo nosotros, en un sentido sustancial, saldremos de ésta tragedia. Toda ayuda y acompañamiento desde el exterior será agradecido. ¿Qué lo hemos intentado y aún no se ha podido? Cierto. Aunque igual hay que perseverar. Ahí es donde el buen ejemplo de Simón Bolívar con su voluntad de hierro para conseguir sus metas debe sernos útil.

No me voy a referir a las prácticas de Trump el 03 de noviembre porque aún tenemos a los acontecimientos en desarrollo y la historia es impredecible en sus resultados finales. Sólo quiero acotar que Trump a las 3:00 am del día 04 declaró al mundo que él había ganado pero que le habían hecho fraude. En realidad, Trump, un hombre que vive de las rentas de las crisis y el caos, establece con ésta acción un comportamiento tercermundista que sólo la férrea institucionalidad de los Estados Unidos tendrá que atajar. Aun así, abre con ello las puertas de la violencia y profundiza la incertidumbre del momento haciendo de “su poder presidencial” una Línea Maginot. Es lamentable que hoy la sociedad estadounidense esté al borde de una Guerra Civil y que su Presidente haya preferido la confrontación a los consensos: en esto Trump siguió al dedillo el comportamiento de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

Los tres años de prosperidad económica de Trump, si es que los hubo, se esfumaron en el último año de su mandato básicamente por el mal manejo que hizo de la pandemia del Covid-19 y protestas raciales: su objetivo era mantenerse en el poder a toda costa y esto fue su tumba. Ahora Trump intentará de todo para quedarse ya sea por las buenas o por las malas: hasta la posibilidad de un Golpe de Estado no escapa a nuestras previsiones producto de una ambición desesperada del personaje en cuestión. Razón por la cual el “Sistema” le quiere fuera para preservarse y mantener una gobernabilidad mínima optima que no degrade el liderazgo mundial que hoy ostenta.

A diferencia de Venezuela hay en los Estados Unidos instituciones en pie y una Constitución sana y robusta, que como gran pacto de la nación fundada por Washington, les garantiza a pesar de la actual turbulencia, que las aguas vuelvan a la calma. Sinceramente es lo que deseamos.

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