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Venezuela y los vericuetos ocultos de la diplomacia

La fotografía publicada de Thomas Shannon, asesor del Departamento de Estado, junto a Diosdado Cabello ha dado mucho de qué hablar.

Conjeturas y elucubraciones variopintas van, vienen y se cruzan por los medios y las redes sociales. Cada quien tiene su interpretación, alguna que otra muy propia de la teorías conspirativas. Unos andan molestos con el gobierno norteamericano y le lanzan destemplados ataques, otros, sobre todo, del chavismo antiimperialista, confundidos; los más, perplejos.

Nadie comprende que un señor que supuestamente está investigado por delitos graves, se reúna con representante tan importante del país que lo tendría «en la mira». ¿Cuales temas de interés de ambos pueblos fueron tratados? ¿De qué se trata esa conchupancia contra natura? ¿están los yanquis y el sector militar representado por Cabello adelantándose a una eventual transición? ¿Es que la derecha endógena del PSUV está claudicando ante el enemigo? (No puedo dejar de imaginar a Luis Britto García, intelectual del régimen, convulsionando al ver tal encuentro que a sus ojos consumaría una traición a la revolución). ¿Cabello está en campaña de lavado de cara después del chaparrón de las últimas semanas?

Sin embargo, en el marco de opacidad de este asunto, hay algo que pareciera acercarse a la realidad: el gobierno norteamericano tiene como prioridad hacer las paces con el de Venezuela. Está decidido a atenuar o eliminar el ruido de las relaciones bilaterales, todo dentro del objetivo general de Obama de recuperar la imagen de su país frente a Latinoamérica. Es la herencia que pretende dejar en esa materia.

Detrás de las visitas y encuentros con Thomas Shannon está ese propósito, manifestado notoriamente en diversas oportunidades. Si lo está haciendo con el gobierno cubano, su enemigo a muerte durante décadas, ¿por qué no con el venezolano a pesar de los maltratos y los ataques retóricos feroces de este último?

Obviamente, varios actores internacionales, en mayor o menor medida, tienen, como decimos en Venezuela, su cuchara metida en este caldo morado. El Vaticano, los gobiernos brasileño y cubano, la OEA, UNASUR, CELAC, la Unión Europea, y quién sabe si algunos poderes fácticos.

Eso que llaman gobernanza hemisférica es lo que estaría en juego. Y también, por supuesto, los intereses crematísticos, que todos los ponen por delante.

Cubanos, brasileños, yanquis y la iglesia católica, todos buscando sacar provecho geopolítico, económico e influencia, es decir, el realismo pérfido en acción, ése del que hablaba Octavio Paz. De allí que haya que poner en cintura un gobierno cuya conducta errática y caótica, podría poner en riesgo la gobernabilidad, los negocios y la paz necesaria en el patio.

Que no se engañen los ingenuos que piensan que la investigación que realiza la fiscalía norteamericana sobre los narcos venezolanos va a impedir que Shannon o cualquier otro se reúna con supuestos investigados. Allá existe la división e independencia de los poderes, y está vigente el principio de que todos son inocentes hasta que se demuestre lo contrario.

Por otro lado, los gringos, como cualquier gobierno en el mundo, si es de su conveniencia, no tienen escrúpulos en entrevistarse con quien sea, por muy desacreditado que esté.

La dinámica compleja y oscura de estos acontecimientos va avanzando hacia un desenlace que solo Nostradamus sabe.

Mucho nos queda por ver. No renunciamos a la ilusión de que el resultado final para nuestro país sea el mejor posible. Aspiramos a que nuestras diferencias en el ámbito nacional se procesen por canales institucionales y constitucionales y en paz. Igualmente, nos gustaría ver a las instituciones internacionales asumir el papel de defensores y garantes de la democracia y de los derechos fundamentales que la letra de sus tratados prescribe, pero no retóricamente, sino de manera efectiva. Es lo menos que podemos pedir los demócratas venezolanos. Obras son amores, que no buenas razones.

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