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Votar para derrotar la miseria

Lo tengo demasiado claro a pesar de la razón que le concedo a quienes manifiestan dudas y a pesar, también, de la condena internacional a la convocatoria: hay que ir a votar masivamente. Y llamar a hacerlo a todo el pueblo venezolano incluyendo a los portadores de un carnet de la patria que ha sido el instrumento más vergonzoso que dictadura alguna haya inventado para presionar y sojuzgar. El Dictador una vez más, siguiendo el ejemplo del Ausente, huye hacia adelante para superar las contradicciones internas que en su partido ha despertado el despropósito de querer gobernar decretando el hambre y sosteniendo lo insostenible. Piensa que le ha preparado la trampa definitiva a una oposición que cree dividida. Revela con ello una vez más su vena de hombre fuerte y pasa por alto que el voto, por más presiones externas que se hagan sobre el votante, puede mantenerse secreto si no se cede a la intimidación, lo cual se logrará en la medida en la que se entienda que una derrota hará cuesta arriba para el Régimen cumplir sus amenazas.

Y no sólo es cierto que el voto es un instrumento de enorme poder sino que es independiente de las condiciones que se ponen para emitirlo. Dicho en otra palabras, si es indiscutible que la convocatoria a elecciones es ilegal y por ello mismo la comunidad internacional no la acepta, y también mucha gente valiosa opuesta al Régimen, también es cierto –y ello cobra una dimensión especial– que el voto es expresión de una voluntad individual con valor propio. Y de eso se trata, de demostrarle al convocante que apoyado en su constituyente espuria impone las elecciones como si fueran un arma a su disposición, que no se está de su lado, que el pueblo entero está comprometido históricamente, visceralmente podría decirse, con los derechos democráticos, que quiere mayoritariamente darle al país otra dirección fundada en el reencuentro entre todos los venezolanos. Y al mismo día siguiente de su derrota tendrá que medir mucho mejor las consecuencias de sus actos. Tendrá frente a sí un Presidente Electo que lo venció en su terreno y una Asamblea electa inobjetablemente constitucional.

Por otro lado lo que estaríamos haciendo al votar ahora, es perfectamente análogo a la convocatoria que la oposición hizo cuando se obtuvieron siete millones de votos que no tenían otra legalidad que la demostración de fuerza, con la diferencia de que ahora lo haríamos en el terreno del adversario y por ello estará obligado a reconocerlo.

Y decía que el Régimen cree dividida a la oposición sin que lo esté. Estamos todos unidos en la cuestión central: recuperar la democracia. Ha habido, es verdad, posiciones distintas ante eventos que hubieran exigido coincidencia; y a raíz de ello se han presentado roces e incluso  enfrentamientos. Ha habido también posiciones encontradas de los dirigentes que han producido distancias y renuncias. ¿Pero en qué democracia no los hay? ¿No son acaso esas disidencias –nunca ocultadas, lo cual debe recalcarse– prueba de que existe democracia interna, que cada quien es libre de sostener una posición propia? ¿Que hay multitud de puntos de vista por parte de gente que tiene credenciales para ser oída? ¿Que la descalificación soez y chismosa ha sido más bien la de los dirigentes de Internet y no la de los que se han arriesgado en la lucha abierta?

Una cosa final: no me importa quien sea el candidato de la oposición. Tengo preferencias, pero de mí no saldrá nunca un argumento para atacar a quien quiera ser el abanderado. Y en ese mismo sentido insistiré ante otros. Si hay primarias elogiaré a mi candidato procurando convencer, pero no denigraré de nadie. Y si no las puede haber porque el cortísimo tiempo lo impide (a eso ha apostado el Régimen)  me parecería muy bien que se escoja en cogollo porque creo que la oposición no debe desgastarse en enfrentamientos entre opciones personales. Cuando, una vez demostrada la definitiva debilidad del Régimen con una derrota, tengamos Presidente y Asamblea Nacional electos, se hará imprescindible regresar a la Constitución vigente para abrir un período de transición. Y en ese momento se ajustarán los desbalances.

La tarea fundamental ahora es buscar que los venezolanos venzan el miedo, algo que la Dictadura tratará de infundir por todos los medios. A los encadenados por el carnet de la patria y las dádivas para sobrevivir, hay que hacerles entender que la mejor manera de ir hacia la normalidad, de comenzar a superar la escandalosa situación que vivimos, se las brinda la derrota del Régimen. Derrotado no podrá cumplir con sus amenazas, ya no le será tan fácil la persecución. Y uno quisiera entonces contribuir a que se sumen voluntades a favor de un vigoroso movimiento destinado a votar para derrotar la miseria que no contará sino con nuestra voz, con nuestra capacidad de trasmitir los mensajes personalmente superando la asfixia de comunicación que caracteriza a la Dictadura. Esa es la tarea.

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