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Y ¿ahora?

Se terminan los días de jolgorio. Comienza un nuevo año. La noria sigue impertérrita su ruta de ritornelo.

Venezuela ha vivido dieciséis años de borrachera comunista. Dieciséis años en los que hemos despilfarrado la mayor cantidad de dinero y de oportunidades que nos han transformado en una nación sin futuro…o como diría un pesimista, en una nación fracasada.

Los diferentes lapsos presidenciales ejercidos por este nefasto régimen que nos destruye fueron anunciados por el difunto como los del régimen que construiría sobre las cenizas de lo existente, es decir, que sus primeros pasos irían en la dirección de destruir todo cuanto existía en Venezuela, en cualquiera de sus órdenes, político, económico, social y quien sabe que otro capítulo de la nacionalidad. No han desmayado.

Sus primeros pasos incluyeron dos caminos paralelos. Por una parte, rápidamente, y sobre el cimiento de una trágica sentencia de la entonces Corte Suprema de Justicia, donde se desarrolló un concepto de “supraconstitucionalidad” que colocó el objetivo de las elecciones por encima de las formas establecidas en la constitución vigente. Paralelamente y con fines tácticos, se realizaron cambios que tuvieron como intención y finalidad la de probar la resiliencia de la sociedad venezolana. En este capítulo debemos anotar desde el añadido del “Bolivariana” al nombre de Venezuela, el agregado de una octava estrella a la bandera, el retocado indígena al escudo nacional, el cambio de la hora legal del país (dicen que con un contenido mágico) hasta la cuestionada y maldita profanación del sarcófago del Padre de la Patria y el subsecuente cambio físico de su retrato.

Por otro lado y con absoluto irrespeto a lo establecido en la nueva constitución aprobada el 20 de diciembre de 1999 se comenzaron unos pasos mucho más importantes, como el desmantelamiento y proletarización del nuevo TSJ  que ha permitido y sentenciado más de cuarenta mil querellas a favor del régimen y ninguna, léase claro, ninguna, a favor de cualquier demandante. Se criticaron muchas situaciones existentes para fines del siglo XX, como la multiplicidad de ministerios o la existencia de una, entonces tildada de “enorme” flota de aviones de PDVSA y hoy, transcurridos cerca de seis mil días, aquellos números se quedaron pálidos y la realidad, bastante peor.

Más lo terrible de esta triste historia, que se parece a la de Juan Charrasqueado, es que nos afiliamos a una pandilla de facinerosos conducidos desde La Habana y Sao Paulo que se encargó de regalar y malbaratar todo el dinero que nos producía PDVSA. Nuestra industria fundamental está destrozada. No aludamos la corrupción.

No podríamos seguir con el elenco de terribles decisiones. La realidad es que en cuanto a la población nacional se inventaron formas de aparente atención que no eran muy distintas a las aplicadas en otros años de la historia.

La planta física de atención al ciudadano se ha descuidado al extremo de que hoy, el grueso de los edificios públicos se encuentra en la inopia. La población nacional está terriblemente raleada gracias a la indeseable emigración de más del tres por ciento de los ciudadanos que tienen los mejores atributos. Se nos han ido más de un millón, se habla de millón y medio de ciudadanos jóvenes, muy bien preparados, con iniciativas, que se han mudado a muchos países del globo con el único ánimo de proteger a su familias y reiniciar una vida mejor.

Estamos como aquellas familias arruinadas que despilfarraron los mejores años de sus vidas y hoy nos encontramos de espaldas a los innumerables falsos amigos que nos acompañaron en las francachelas y a merced de los usureros y carroñeros que revisan nuestros despojos para incrementar sus activos. Endeudados hasta el cogote.

Los próximos días se nos presentan llenos de nubarrones. Una situación económica que no aparece en ningún texto. Devastados por un “tsunami” que han provocado quienes traicionaron sus designios, un “riesgo país” que registra cotas inalcanzadas por ninguna nación en el pasado, una moneda de pacotilla y lo más grave, con la pérdida absoluta de los planos de reconstrucción que necesita nuestro devastado país.

Deploramos los términos de este primer artículo del año 2015, pero nos sentiríamos muy mal si no dejamos constancia de nuestras apreciaciones. Creemos que es la primera vez, en toda nuestra atrevida ruta periodística de treinta y ocho años, en la que por estas fechas no hablamos de mejor futuro. No lo sospechamos.

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@rafael862

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