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Carlos Vecchio desde el exilio: Mi hijo crecerá en mi amada Venezuela

En este mes de junio, cuando se celebra el Día del Padre, Carlos Vecchio y su esposa cumplen dos años en el exilio. El mismo tiempo que cumple su hijo el 1º de julio.

Dos años cargados añoranzas, de lucha por el rescate de la democracia en Venezuela y de sentirse “preso del alma”. Sebastián ha crecido fuera de la patria que lo debió ver nacer, “mi hijo no sabe hablar y ya sufre lo que es ser un perseguido político”.

Confiesa que sus dos años como padre han estado cargados de una lucha política, pero también su hijo le ha dado la fuerza para seguir y para comprender ahora con mucho más ahínco y sensibilidad el papel que le toca jugar como político y representante del partido Voluntad Popular.

La historia de Sebastián viene ligada al exilio. Cuando a Carlos Vecchio le informaron de la orden de captura, por su supuesta responsabilidad en las protestas de 2013, su esposa María Victoria estaba embarazada.

“Fueron momentos de muchas decisiones. Nos tuvimos que separar y como yo estaba en la clandestinidad, vernos era un riesgo. Fue muy duro y angustioso, porque ante tanta persecución temí que algo le pasara a ellos dos y que Vicky no pudiese terminar su embarazo”, relata.

Su inicio como padre no fue nada normal. El acompañar a su esposa al médico y seguir cada paso se volvió en un imposible. “En la clandestinidad logré ver la cara de mi hijo porque me hicieron llegar un eco en 3D, eso me dio impulso y fuerza para seguir luchando. Ese momento me llevó a tomar muchas decisiones”.

Sólo Sebastián

Carlos y Vicky no tuvieron el tiempo para discutir el nombre del bebé con calma. Todo ocurrió en medio de muchas angustias y sólo Sebastián fue el nombre que salió y a ambos les gustó.

A pesar de su dura situación, asegura que esa foto en 3D con el rostro de Sebas le dio el impulso y la fuerza para tomar el riesgo de salir del país y, ya como una decisión del partido, que fuese él la persona que denunciara los casos de violación de derechos humanos y de los presos políticos en Venezuela.

“Salir del país no fue fácil. Mi esposa salió por su lado y yo clandestinamente. En ese momento no sabíamos si nos volveríamos a ver, si podría ella concluir sanamente su embarazo, si tendríamos a nuestro hijo en brazos”.

Pero con la fe puesta en Dios lograron el encuentro y lo atesora en un video, que luego usó para dar un mensaje ante las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2015.

Dos años y un regreso

Carlos lo describe muy bien. “Vivir en el exilio es estar preso del alma. Me duele que mi hijo, aún sin saber hablar, ya haya conocido lo que es ser un perseguido político, porque le han negado el derecho de nacer y crecer en su país, el de conocer a su familia, el de vivir en Venezuela”.

Vicky tenía 8 meses de embarazo cuando se reencontraron en Estados Unidos. Ese comienzo fue mucho más duro porque para poder hacer la labor de denuncia no podía ni quería pedir asilo político. Su estadía la legalizó trabajando como profesor universitario y con esa condición ha podido ser la voz fuera de las fronteras venezolanas. “Un hijo te obliga a ser mejor persona y a tener otra visión”.

Su reencuentro con Sebas y Vicky fue único. “Nuevas angustias se sumaban, no teníamos nada, ni casa ni nada. Agarré la barriga de mi esposa y le dije a mi hijo que se esperara y le expliqué que le tocaba nacer en un sitio que no era su tierra, pero le prometí que iba a luchar cada día para volver”.

Es tajante en este punto: “Sebastián crecerá en mi amada Venezuela”.

Esa es la promesa que le hizo. “Cuando Sebas nació y lo tuve en mis brazos lloré mucho, fue un momento de desahogo. Tenerlo y verlo me dio fuerzas”.

Ese momento está grabado en una foto, que le tomó su esposa justo luego de dar a luz y que curiosamente tenían como fondo los colores de la bandera de Venezuela, “porque así eran las cortinas de la habitación que nos tocó”.

Estar fuera del país no ha sido fácil. “Dejo guardado cada instante y algún día lo daré a conocer. Ahora que soy padre me doy cuenta que mi lucha es por todos los Sebastián de Venezuela, esa es mi fortaleza. Cuando eres padre, el rostro de tus hijos es el de todos los niños del mundo y es cuando comprendes la misión y el compromiso que tienes por construir un mundo mejor”.

La arepa, el tequeño y la música llanera

Sebas es muy pequeño, pero cada día, sus padres le explican el motivo por el cual no están en Venezuela y lejos de la familia.

Tienen bien marcadas sus raíces. Cuando pudo comer su primer plato fue una arepa, el segundo un tequeño y luego vinieron las caraotas.

Y claro, su primera canción, fue la Quirpa, tercer himno nacional. “Luego siguieron el alma llanera, el himno nacional y después, como todos los padres, las canciones inventadas hasta que se duerma”.

Sus momentos mágicos con Sebastián están llenos de cotidianidad. “Estamos solos y sin ayuda, ambos debemos colaborarnos y cuando se trata de tu hijo, por más cansancio y agobio, siempre hay fuerzas. Yo lavo teteros, lo baño, le doy de comer, lo visto. Hago todo lo que necesite”.

Leopoldo presente

Como padre, y por su cercanía con Leopoldo López, siente mucho el hecho de que no pueda estar con sus hijos, “por estar preso injustamente. Veo a mi hijo y es imposible no recordar la situación tan dura por la que pasa. Pienso mucho en él y sueño que vuelva a su hogar. Lucho por eso, por devolverle ese momento mágico a Leopoldo y a todos los presos políticos”.

Considera injusto que separen a una familia. “Luego de la cárcel, el segundo dolor más grande es el exilio. Ambos estamos presos, no podemos estar donde queremos y con nuestras familias”.

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