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La modalidad presencial: No es el cuándo sino el cómo

«Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo…» Benjamín Franklin (1706-1790)

Tomo la palabra para volver sobre el tema de la modalidad presencial en las actividades escolares de Escuelas y Universidades a nivel mundial. Se repite con insistencia que el tiempo de post-pandemia nos devolverá a la educación presencial que teníamos antes de marzo del 2020. Y es necesario centrar el verdadero sentido que tendrá el volver a las actividades cotidianas de la vida humana en un nuevo tiempo que nos exigirá mayor prevención y un cuidado permanente de no trasgredir normas de salubridad que pudieran generar nuevos brotes infecciosos que terminen por desatar escenarios pandémicos que atenten contra la supervivencia del ser humano.

Hay políticas públicas educativas que se están pensando para volver a situaciones de normalidad dada la presión que los Gobiernos tienen por parte del sector comercial y productivo privado de abrir las Santamarías con fines de mantener los negocios y la economía. El problema de esta realidad en los países latinoamericanos aún en proceso germinal de desarrollo, es que no se cuentan con las condiciones mínimas para poder asumir un plan prospectivo  que garantice operatividad y logro de metas sin daños directos y colaterales sobre la vida humana.

La planificación estratégica institucional, en este sentido, amerita más que buenas intenciones y deseos, requiere soluciones prácticas, palpables y reales, partiendo de condiciones óptimas y sobre todo creando un ambiente de confianza en el que el colectivo pueda verse seguro ante la posibilidad de una nueva estampida del coronavirus (Covid-19). Los países requieren que los Gobiernos garanticen el suministro de la vacuna para prevenir en un alto porcentaje, no en un 100%, las posibilidades de contagio del Covid-19; y a la par el Sistema de Salud cuente con el músculo necesario para atender la mayoría de casos límites que se presenten y tenga la capacidad de suministrar el tratamiento farmacéutico protocolizado para combatir el Covid-19. Si partiendo de esta realidad no hay una respuesta firme, segura y confiable, el volver a la normalidad es una de las más excelsas utopías de los últimos tiempos.

Ahora bien, a lo anterior se une la limitación de servicios de transporte, producto de la crisis energética mundial, y de capacidad adquisitiva de algunas sociedades (caso Venezuela); la falta de un nivel de vida que permita ir cubriendo los altos gastos de una era postpandemia, implica una gran limitante para que las personas vuelvan a la normalidad en sus tareas diarias y sobre todo en el ámbito de la escolaridad, porque, partiendo de los docentes de Escuela y de Universidades, estos son los profesionales con salarios más deprimidos en Latinoamérica, lo que les coloca un inmenso obstáculo para poder articular estrategias domésticas donde puedan volver a la normalidad bajo un esquema de seguridad y estímulo.

Se pudiera decir que la situación de falta de estímulo económico y de beneficios sociales de los docentes es un asunto de actualidad, pero no es así, su histórico tiene referencias a la década de los treinta del siglo XX, y parte de esa situación la documentó el ensayo titulado “Situación del personal docente en América Latina”, de Carmen Lorenzo, publicado por Editorial Universitaria/UNESCO, Santiago de Chile, 1969. En el texto la investigadora Lorenzo, expone: “…en varios países la legislación adolece todavía de importantes omisiones y, en muchos aspectos, no corresponde a los modernos principios que sirven de base a la legislación laboral. Los estatutos, en los pocos países donde esta legislación tiene una estructura orgánica, son imperfectos, de tal modo que el escalafón docente, por ejemplo, no es el eje de una auténtica carrera profesional. El factor de mayor peso en el proceso de clasificación y de promoción del magisterio y, por lo tanto, el factor determinante en el cálculo de las remuneraciones, no son los títulos, la preparación académica, la eficiencia profesional y otros méritos que tienen repercusión directa en la eficacia del sistema educativo, sino los años de servicio, la antigüedad en el cargo que, si bien representa el valor de la madurez y la experiencia, es una calidad que se adquiere en forma totalmente pasiva…”

Y en otro aparte Lorenzo explica: “…Sin restarle méritos a las iniciativas que se han tomado y a los proyectos que hay en marcha en varios países para reglamentar y dignificar la carrera docente, es indiscutible que el problema que en forma más intensa y sostenida ha preocupado a los sectores responsables de la educación es el que se refiere a las remuneraciones del magisterio. Aparte de los aumentos de sueldo, motivados en gran medida por el incesante aumento del costo de la vida, se han tomado diversas disposiciones que constituyen estímulos muy positivos. Tales son, por ejemplo, la creación de asignaciones de título y por función diferenciada, las bonificaciones por el ejercicio de la docencia en zonas desfavorables, y otras igualmente importantes. La adopción de sistemas de reajuste automático de los sueldos de acuerdo con las oscilaciones del costo de la vida no es una novedad en un continente afectado en casi toda su extensión por un grave proceso inflacionario; sin embargo, es preciso que se generalice a fin de liquidar un foco permanente de inquietud y de movimientos gremiales que deterioran el rendimiento de la educación…La situación económica del magisterio es, en general, insatisfactoria en América Latina y, en varios países, es francamente mala. A los bajos sueldos se agrega, en diversos países, la subsistencia de sistemas de remuneraciones diferentes para la misma función, según cual sea la autoridad de la que dependen los maestros, o la capacidad económica de la unidad político-administrativa en cuyo territorio desempeñan el cargo…Esta desmedrada situación repercute desfavorablemente en el rendimiento del maestro porque, aparte del descontento y la inquietud que provoca, lo obliga a recargarse de trabajo en la enseñanza particular o en otras actividades completamente ajenas a la docencia”.

Ahora bien, esta situación ha producido la deserción de los docentes de sus funciones y su incursión en otras fuentes de empleo que le permita garantizar su subsistencia en un mundo en el que los servicios y productos de primera necesidad son cada vez más costosos.  Los docentes han producido con su deserción un vacío profundo como  recurso humano calificado, al mismo tiempo que ha restado eficacia a los programas de formación y de capacitación que tenían a su cargo. Es necesaria una fórmula satisfactoria para la solución de los problemas que eleve el estatus del docente, desde su condición  económica hasta mejores planes en favor del progreso educativo de los países de América Latina dejando una brecha por la cual escapará una porción significativa e imponderable del capital nacional.

Si se ajusta la reflexión de Lorenzo a la realidad actual es casi nada en lo que ha cambiado de aquellos días de la década de los sesenta del siglo XX, lo grave del asunto es que en la contemporaneidad es hoy más dramática y con raíces incrustadas en la institucionalidad de los Gobiernos como algo aceptado ya, en cuanto a que ser docente es un “apostolado” para vivir bajo condiciones de pobreza económica a quienes lo ejercen. Es algo así como la regla de oro en las instituciones de planificación y presupuesto de los Gobiernos locales a la hora de reducir gastos: “…quítale a la cultura y a la educación”.

Este histórico de desequilibrios y de falta de estímulos al cual se viene a sumar el riesgo de contraer la pandemia y el no contar con la seguridad social necesaria que le responda en estas situaciones y le garantice salvaguardar sus vidas y la de su núcleo familiar, es uno de los obstáculos a saldar para volver a la presencialidad. Por esto, el tema de volver a la modalidad de clases presenciales es un asunto muy serio que se “habla con suma ligereza y facilidad”. Ya de por sí estamos bajo régimen de presencialidad, porque al no hacer uso de las herramientas virtuales de aprendizaje como se debe, ante las limitantes en Latinoamérica de mecanismos de conectividad que brinden equilibrio en los sistemas de transmisión de información digital, se está dando clases por la vía de orientaciones a través de aparatos periféricos de tecnología como el teléfono y las tablets, eso en su razón práctica sigue siendo presencialidad, inducida y guiada por la variante en los medios para asignar tareas y actividades de aprendizaje.

Ahora bien, se quiere generar normalidad haciendo un llamado a las aulas de clases, eso sería positivo si se tienen las condiciones mínimas cubiertas (transporte, asistencia médica, vacunación masiva, consciencia social en los criterios de aislamiento social preventivo, entre otras), pero sería un “suicidio”, así de fuerte es la impresión, si se hace bajo condiciones desfavorables, porque se disparará el índice de contagios por Covid-19, y se estará a las puertas de un desbordamiento de la capacidad del Gobierno por controlar la situación.

Es importante resaltar que para asumir la modalidad de clases presenciales, es necesario internalizar las necesidades relacionadas con el trabajo, la educación y el cuidado de los estudiantes; es innegable que bajo modalidad presencial se aprenden mejor, pero si hay una buena campaña de promoción acerca de la modalidad virtual y la modalidad semipresencial, es posible beneficiarse con este tipo de enseñanza hasta el punto de protocolarizarla hasta un criterio de adecuación que permita crear nuevos escenarios de normalidad en el proceso de aprendizaje. Lo que sucede es que la inversión que se necesita para llegar a esa normalidad es muy alta y hay pocos Gobiernos con la capacidad hoy día de asumirla y por ende plantear un cambio de paradigma al respecto.

A grandes rasgos, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), agencia de la Organización de las Naciones Unidas con sede en Nueva York,  publicó en su Serie sobre “Los equipos de conducción frente al covid-19: claves para acompañar y orientar a los docentes, las familias y los estudiantes en contextos de emergencia”, un documento titulado “El Reencuentro en la vuelta a las clases presenciales: 5 desafíos, 5 propuestas” (mayo, 2020), en donde dicen que los países del mundo hoy cuentan con normativas y lineamientos oficiales para el cuidado de la higiene y la salud en la apertura de espacios públicos, elaborados y difundidos por los diferentes organismos oficiales; así como con un conocimiento de las características de las instalaciones, sus necesidades y sus posibilidades para el ejercicio de tareas y funciones habituales relacionadas con el aprendizaje, reconociendo las rutinas y prácticas escolares, donde los mecanismos de comunicación institucional permitan organizar y planear la presencialidad bajo condiciones de seguridad. Bajo estos elementos es posible que se pueda tomar una decisión del retorno o no a las aulas de clases, pero si las respuestas que se den no son cónsonas con un mínimo de seguridad en cuanto a la preservación de la salud del colectivo, entonces los Gobiernos deben pensarlo mejor y no enviar al oscuro umbral de la incertidumbre a la masa colectiva que desea, eso no se ignora, discursos que le devuelvan el mundo social y normal que perdieron en marzo del 2020.

Según Claudia Lombardo, ahora “…que empezamos a pensar en el regreso o en la posibilidad de reencontrarnos en los edificios escolares, el principal desafío es ver cómo conservamos los logros y los aciertos que tuvimos en el trabajo en colaboración que se potenció entre la escuela, las familias y la comunidad en este período. Los nuevos canales de comunicación que logramos establecer, los nuevos criterios comunes respecto a los proyectos educativos, los nuevos espacios de encuentro, que pueden incluir nuevas herramientas, para poder enriquecer un trabajo en colaboración mucho más integrado a lo que hacíamos anteriormente. Esto también vinculado con la posibilidad de revisar nuestros proyectos institucionales para incorporar todos estos logros relacionados con una nueva alianza escuela-familia-comunidad…”

Volviendo al documento de la Unicef, para pensar en volver a la modalidad presencial en la escolaridad de la Escuela y de las Universidades, es necesario que los Gobiernos tomen en consideración lo siguiente: Identificar, desde el equipo de conducción y con la participación del equipo docente, a aquellos diferentes actores sociales que han participado, y pueden seguir haciéndolo, en la construcción de una red de apoyo y contención en esta nueva etapa, por ejemplo, estos actores y referentes sociales de la comunidad pueden servir de soporte en: identificar los estudiantes que están fuera de la escuela, para generar su reincorporación, promover el derecho a la educación de todas y todos, y listar las acciones y tareas que la escuela o la universidad puede y necesita desplegar en conjunto con la comunidad para consolidar las estrategias de contención social, emocional y la continuidad pedagógica (estrategias comunitarias de salud e higiene, salud mental, salud sexual y reproductiva, atención psicosocial, promoción de derechos, conectividad, acceso a dispositivos tecnológicos, entre otros).

Así mismo, es importante identificar y atender, las instituciones educativas que han quedado rezagadas o que tienen necesidades para poder responder, en criterios de seguridad y salud, a sus estudiantes y docentes. Es necesario diseñar junto a ellos las acciones compartidas que pueden favorecer el cuidado de la salud y el bienestar colectivo de toda la comunidad educativa en el regreso a las clases presenciales, así como sistematizar la información y los mecanismos de comunicación que han resultado efectivos con las familias y la comunidad a lo largo del tiempo de trabajo a distancia (por ejemplo, grupos de WhatsApp por grado, padres o madres delegados por grado, comercios de proximidad que distribuyen o apoyan en la difusión de información y materiales, carteleras y material visual informativo, por mencionar algunos. Es fundamental anticipar y diseñar estrategias de comunicación fluida acerca del progreso y devenir de los escenarios de enseñanza-aprendizaje, donde se vayan consolidando las prácticas del cuidado de la salud y los planes de trabajo de continuidad pedagógica, en colaboración con las redes comunitarias.

El regreso a clases ya no es el cuándo sino el cómo, y en este sentido las fechas sugeridas por algunos países pareciera colocar ese “cuándo” de manera muy temeraria, casi apostando a un milagro sobrenatural que le bride una fecha que reúna todas las condiciones que por años ha tenido la humanidad para garantizar el éxito de la convivencia social y el aprendizaje colectivo. El “cómo”, está en cuestionamiento, porque si bien se sabe qué hacer, no se cuenta con las herramientas de rigor que garanticen enfrentar los porcentajes mínimos de complicación que arrojaría el Covid-19, al dársele condiciones para su propagación.

Desde mi punto de vista personal, el Covid-19 marcó la extinción de la modalidad presencial en el sistema educativo mundial, dando paso a la semi-presencialidad y la virtualidad, como modalidades que quizás no tengan el atractivo ni el efecto tan inmediato en el proceso formativo, pero es posible ir acondicionándolas para que vayan mejorando en sus resultados. Sin duda el Internet de alta velocidad y el fortalecimiento de la disciplina del autoaprendizaje, serán una condición básica para el logro de estos objetivos y acá, lamentablemente, se dará un proceso de selección de quiénes tienen condiciones para incluirse en el sistema educativo formal y lograr las titulaciones respectivas que les permitan ejercer un trabajo bien remunerado y que le proyecte hacia la conquista de su proyecto de vida particular.

Sea bajo la égida del capitalismo global o bajo las condiciones de sistemas centralizados de dirección política, caso modelo socialista venezolano, siempre el ser humano está orientado a la conquista de un lugar en la sociedad donde por sus competencias y necesidades, buscará fortalecer sus habilidades y destrezas para llevar una vida plena y satisfecha. En esa realidad la enseñanza escolar y universitaria sigue siendo la carta de presentación de las personas para ir tejiendo su sueño de progreso en la conquista de su libertad e independencia personal.

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