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Penzini Analítica: Reflexiones de la secretaria nazi que no se arrepiente

El populismo de derecha revive con gran auge en Europa. Por ello, han surgido voces, análisis y críticas que intentan recordarle al mundo las atrocidades cometidas por los nazis en la Segunda Guerra Mundial para que más nunca vuelvan a suceder.

Una de estas críticas la hace «blackbox films» con el polémico documental «Ein deutsches Leben «(«Una vida alemana»), sobre la vida y reflexiones de la secretaria del general nazi Joseph Goebbels,  mano derecha de Hitler y ministro de propaganda, el cual ha causado una gran polémica.

El crudo documental en blanco y negro presenta a Brunhilde Pomsel, una alemana de 105 años quien aparece con su cara surcada de innumerables arrugas, y en el que rememora su trabajo en Berlín cuando Adolf Hitler llegó al poder.

El documental es una producción austriaca que fue presentada esta semana en el Festival de Cine de Múnich y está basada en largas entrevistas con la anciana.

El documental

Lo impactante del filme es la frialdad, indiferencia y falta de remordimiento que muestra la protagonista ante los hechos históricos que vivió.

Pomsel dice tajantemente «No rompo el silencio para limpiar mi conciencia. No me considero culpable, lo que hice no fue más que trabajar para el señor Goebbels».

Dos de los directores del filme, Christian Krönes y Florian Weigensamer confesaron que conocieron a la señora Pomsel por mera casualidad, mientras investigaban otra historia.

Weigensamer declaró al diario estadounidense The New York Times que la señora no era una ávida nazi. Tan sólo no le importó lo que el régimen estaba haciendo y miró para otro lado. En eso descansa su culpa.

Aunque el documental no se centra en la responsabilidad particular de Pomsel, logró impactar al público por la frialdad que muestra la señora ante lo que vivió.

«Miró para el otro lado» sería la reflexión  más importante de este documental ya que los directores quieren recordar la capacidad de complacencia y negación a la que puede llegar el ser humano, porque a pesar de haber cometido las más grandes atrocidades, este puede ser indiferente e incompasivo ante el dolor de los demás.

Goebbels y la propaganda nazi

El documental recopila más de 30 horas de conversación con Brunhilde Pomsel, quien fuera una de las protagonistas de la máquina burocrática del nazismo y su propaganda.

La propaganda nazi fue el intento coordinado de ese partido para influenciar a la opinión pública alemana a través del empleo de la publicidad política en los medios de comunicación. Fue empleada por el partido Nazi y por el propio Hitler hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. La propaganda les proporcionó un instrumento crucial para adquirir y mantener el poder, así como para lograr implementar sus políticas, incluyendo la prosecución de la guerra total y el exterminio de millones de personas durante el Holocausto y durante la ocupación de la Unión Soviética.

En este sentido, se centró en declarar que los judíos eran la fuente de los problemas económicos de Alemania.

Joseph Goebbels fue el ministro de Propaganda en la Alemania Nazi, quien desempeñó un papel central en la creación de nuevo material antisemita y pro nazi para el partido. Estuvo a cargo de una maquinaria de propaganda que alcanzó todos los niveles de la sociedad alemana. El uso generalizado de la propaganda por parte de los nazis es, en gran parte, responsable de que el término en sí haya adquirido sus connotaciones negativas actuales.

La frase más famosa de Goebbels fue: «Una mentira repetida mil veces se vuelve verdad», táctica que todavía es utilizada por regímenes totalitarios en nuestros días.

La secretaria de Goebbels

Llama la atención la indiferencia y falta de arrepentimiento de Brunhilde Pomsel. Ella dice que aceptó hacer el documental pero que «esto no lo hizo para limpiar su conciencia».

Asegura además que apoyó y se afilió al partido Nazi «porque todo el mundo lo estaba haciendo en ese momento», y que la sociedad alemana de esa época vivía «bajo una especie de hechizo» provocado por el gobierno. Este efecto resulta ser irónico por que Pomsel se convirtió en una víctima inconsciente de la propaganda para la cual ella misma trabajaba.

En 1942 consiguió el traslado al despacho de Goebbels y no oculta lo orgullosa que se sintió cuando logró el puesto por haber sido la mecanógrafa más rápida de la radio en la que trabajaba. Según recuerda ella ganaba muchísimo dinero en ese puesto, pero no había mucho en que gastarlo a consecuencia de la guerra.

Sobre su jefe Joseph Goebbles decía que casi no lo veía, y que duda si ni siquiera sabría el nombre de ella. Lo recuerda como una persona con encanto e increíblemente vanidoso, que cuidaba cada detalle de su apariencia. «Siempre sabíamos cuando él (Goebbels) llegaba, pero no lo veíamos hasta que se iba», relata la mujer en el documental.

Los últimos días de la guerra los vivió en el búnker situado bajo el ministerio, donde vivió las últimas horas del Goebbels, que se suicidó junto a su esposa, Magda, tras envenenar a sus seis hijos.

En cuanto a su trabajo, admite haber falsificado información para el régimen, como por ejemplo, la cantidad de mujeres alemanas que supuestamente estaban siendo violadas por el Ejército Rojo o sobre las estadísticas de los soldados nazis caídos en combate.

“Todo el mundo lo hacía”

Aunque se consideraba «apolítica», para poder acceder al puesto tuvo que afiliarse al partido nazi: «¿Por qué no? Todo el mundo lo hacía», apunta en el documental.

Pomsel es considerada uno de los últimos testigos del régimen y una de las personas más cercanas al temido Goebbels, pero sostiene una y otra vez que no había sido consciente de las atrocidades nazis.

Cuando habla del envío de judíos a los campos de concentración alemanes, que se extendieron por Alemania y Polonia, Pomsel asegura no saber que las personas eran enviadas allá a morir. Explica que pensaba que iban a los campos a ser «reeducados».

A pesar que generalmente el paso del tiempo y el envejecimiento lleva a las personas a sentir una especie de «culpa» por los errores cometidos en el pasado, Brunhilde Pomsel no parece sentir algo parecido. La anciana dice que no entiende por qué cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial fue recluida cinco años en una prisión soviética. «Me trataron muy mal y yo no había hecho nada».

Sin embargo reconoce: «Es importante para mí que, después de haber visto el documental, haberme visto como en un espejo en el cual pude reconocer todo lo que había hecho mal», y agrega, «pero en verdad, no hice nada más que tipear para Goebbels».

Complacencia y negación

Es muy importante para la humanidad reflexionar sobre la condición humana y su lado oscuro de las atrocidades que puede causar. La anciana no siente culpa “porque todo el mundo lo hacía”. Pomsel dice como mensaje final: «No me considero culpable, a no ser que se culpe a todos los alemanes por hacer posible que aquel gobierno llegara al poder». Asegura que era una simple secretaria pero quién sabe qué pudo haber escrito para los Nazi haciendo su trabajo, quizás hasta pudo escribir una orden para el gas Zyklon B, el cual mató a miles de personas en las cámaras de gas de los campos de concentración. Ella simplemente, seguía órdenes, no le importó lo que el régimen Nazi estaba haciendo y miró para otro lado.

Es triste y sorprendente la capacidad de complacencia y negación a la que puede llegar el ser humano, porque a pesar de haber cometido las más grandes atrocidades, este puede llegar a ser indiferente ante el dolor de los demás cuando actúa en masa. Y ese es el peligro de la propaganda, de la influencia en el inconsciente colectivo y cómo puede ser manipulado para cometer crímenes de lesa humanidad y violar derechos humanos sin remordimiento de conciencia «porque lo hacían todos los demás».

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