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Lo que Caracas y Bogotá desconocen de la realidad en frontera

El cierre de la frontera significa para los habitantes de esa franja mucho más que unos objetos puestos en la mitad de los puentes Simón Bolívar de San Antonio del Táchira; Francisco de Paula Santander de Ureña y Puente Unión de Boca de Grita.

Más allá de la decisión de Caracas y la respuesta de Bogotá, los habitantes del Táchira se encuentran con una barrera para desarrollar sus actividades sociales, educativas, económicas, empresariales, entre otras, con normalidad. Al cumplirse un mes del cierre de la frontera, algunos testimonios cuentan cómo les afecta no poder cruzar ninguno de los puentes.

Aunque tiene un título universitario, Julio Rodríguez prefirió dedicarse a hacer transporte a particulares no solo dentro de la entidad sino también a otras partes del país. “Ante la escasez de repuestos y lo costoso que sale todo en Venezuela, en Cúcuta compré la batería y los cauchos de mi carro; también he comprado repuestos, salen más barato y tienen factura, aquí no dan eso porque son revendidos”.

Rodríguez también dijo que la última vez que fue al supermercado Éxito en Colombia, le compró a su pequeño hijo champú y pañales desechables porque tampoco hay estos productos en San Cristóbal.

A Rosa Ramírez se le complicaron las cosas mucho antes del cierre de la frontera cuando establecieron con las empresas de encomiendas que no podían recibir alimentos para ser enviados a otros destinos. “Tengo un hijo con Asperger, su dieta es estricta y tiene prohibición de consumir gluten, caseína, lactosa y decolorante. Esos alimentos me los enviaba el padre que vive en Caracas pero ya no puede hacerlo y por eso voy a Cúcuta a comprarlos. La leche de almendras también se compra allá, aquí escasean y sale más costoso que comprarlo en Colombia”.

La cercanía con Colombia permite a venezolanos acudir con frecuencia al Norte de Santander y pese al diferencial cambiario donde sale perjudicada la moneda venezolana frente al peso, muchas personas consiguen mejores precios.

“Mi laptop, tuve que comprarla allá porque aquí salían mucho más costosa. Ahora no podré adquirir más herramientas de trabajo en Cúcuta por el cierre; de igual manera, comprábamos repuestos para el carro que no se consigue aquí y allá sí. Y el caso más reciente, mi mamá tiene días enferma de las vías respiratorias, le mandaron el antibiótico Fulgran y en más de 10 farmacias que he consultado en San Cristóbal no hay, por la tanto ella sigue con la infección respiratoria”, contó la periodista Katherine Torres.

Luisa González López contó que además de comprar productos iba a Cúcuta era cambiar de ambiente y “relajarse”.

“Allá consigo toallas sanitarias de buena calidad porque las que venden aquí son pésimas; el aceite Gourmet sustituye al desaparecido Mazeite; el papel sanitario lo consigo en oferta y más económico que el venezolano y compramos la leche también porque uno puede escoger entre marcas y precios, por ejemplo: leche completa, leche deslactosada, descremada o semidescremada, leche de soya; allá hay de todo mientras que aquí lo que consigues es por una larguísima cola o porque te lo venden al triple”, agregó.

También, el postgrado de Innovaciones Educativas de la UPEL en Rubio, municipio fronterizo Junín -y en estado de excepción- está en veremos, según dijo Adolfo Baptista estudiante del mismo. “La universidad está en veremos, pues la gran mayoría de estudiantes de mi programa son colombianos que cursan estudios aquí, así como muchos venezolanos buscaban oportunidades de estudios allá por el bajo costo”.

Las emociones también cuentan

Linda Jiménez España es estudiante. Su mamá es colombiana y ella nació en Venezuela. Decidió estudiar en la Universidad de Los Andes y quedarse en una residencia; cada fin de semana aprovechaba para visitar a su familia. “Regresé de Colombia porque empezamos clases en la universidad pero para mí es necesario visitar a mi mamá cada vez que puedo; yo la ayudo en las cosas de la casa y ella me cocina porque yo cocino muy mal; no sé cómo será ahora el poder ir para allá; tampoco sé cómo se justifica ante el Gobierno que mi mamá venga a visitarme”.

El caso de Marina Chacón es diferente a los otros testimonios. Manifestó sentirse “presa” y no acepta esa separación entre dos pueblos hermanos.

“Me afecta en lo emocional porque para Caracas yo también soy colombiana aunque mi cédula diga otra cosa y mi acento se parezca más al de ellos que al de nuestra capital; si en algún lado sentimos que somos los mismos es en la frontera y no procesamos este distingo de ‘ustedes’ y ‘nosotros’”.

Adolfo Baptista señala que solo quienes habitan en la frontera tienen la verdadera noción de lo que allí sucede y que es afecta en todos los aspectos. “Sólo el pasaje emocional que estamos sufriendo todos los habitantes de frontera, la zozobra de no saber que irá a pasar”.

@lorearraiz

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